El negocio de arreglar canoas

18 04 2007

Hace un rato vino a mi casa un muchacho en bicicleta a medir el techo porque hay que cambiar algunas canoas. El mae se subió al techo con su camiseta color caca y sus jeans rotos, una cinta métrica, un cuaderno y su respectivo lapicero.

15 minutos mas tarde él estaba sentado en el jardín con su cantimplora en la mano izquierda y en su mano derecha sostenía el lapicero con el que escribía en el cuaderno apoyado en el suelo (era la cotización del trabajo).

Con su tez morena, pelo negro largo y colocho me volvió a ver y con su acento nicaraguense muy bien marcado me dice:

- Ta caliente, veá?

- Sí, estos días han estado bastante calurosos.

- Por eso estoy aquí sentao, tomándome esto tan rico.

- Claro, nada como un poco de agua bien fría (En realidad no sabía que decir).

- No maje, esto no es agua. No ve que me traje un poco de guaro de mi choza… ¡ay que rico!

¿¡Qué!? Me pareció que dijo “guaro“… ¿le habré entendido bien? Leer el resto de esta entrada »